Creminos a cien
by Roger Miranda Canobra at/on 22:46
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Valparaíso, 12:30 PM, 27° de temperatura, un día cualquiera de Diciembre. En la micro casi vacía y chatarrienta, los pocos pasajeros amodorrados miran por la ventana, quizá un lanzazo y a unos turistas desorientados acompañados de un paco chaporreando un ingles incomprensible. Cualquier cosas menos mirar hacia adentro, donde la realidad de los asientos rotos les golpea, recordándoles la propia miseria quizá.
Una escolar mira una foto de Ballero con su cara estúpida. De entre un vendedor de bolígrafos, un tipo que amenaza volver a drogarse y delinquir si no le compramos un parche curita, un señor de corbata ofreciendo álbumes de colorear para los regalones, aparece de pronto una anciana de unos 70 años, zapatos negros medio ajados, calcetines sobre medias, un delantal de cocina bajo un raído chaleco burdeo . Las arrugas y canas en un rostro de mucha ternura. Un estudiante le ayuda a subir. Con una voz apenas audible pero sincera, ofrece creminos a cien para la calor. Nadie compró, ni yo paralizado por la escena toda. Quizá nadie se entero.
Recordé entonces las palabras de Hernán Buchi cuando era candidato: "Crear 500.000 nuevos empleos para que la población pasiva tenga oportunidad de tener ingresos; Abuelitos, tíos, aquellos que estaban en la casa". Quizá Buchi estaría felíz, si viera como resultó, a la larga, una de las bondades de su sistema. Imaginé a mi propia abuelita subiendo a las micros y pensé en la indolencia de todos los "actores sociales" chilenos, hacia la tercera edad. Pensé en muchas cosas. Pensé tanto que ni siquiera tuve la decencia de ayudarla a bajar, (Curiosa analogía, cuando el exceso de retórica paraliza la praxis). Entonces rasgué la memoria profunda y apareció la imagen de Tristelmo y su larga barba blanca con su sobrero blanco como clavado en su cabeza también blanca. Recordé a un viejo poeta Ecuatoriano que llegó a Valparaíso sin saber porque. Había sido amigo de los grandes y ahora se encontraba viviendo sus últimas cañas de tinto en los bares malacatozos y sórdidos de la ciudad patrimonial. Recordé a todos esos abuelos que deambulan por las calles del puerto con sus sacos de recuerdos a cuestas. Quizá el Ilustre municipio sugiera "erradicarlos", tal como intenta hacer con los perros callejeros, para hacer valer la condición de patrimonio de la humanidad de esta ciudad de mierda . Pensé que la idea sería compartida y patrocinada por algún concejal UDI o algún periodista facho del Mercurio local. Solo espero que estos abuelos no sigan muriendo de frío en el invierno de la plaza Echaurren.
Recordé también que los índices de desempleo del gobierno se mantienen estables. Seguramente el gobierno se jactan de seguir teniendo a miles de Chilenos trabajando en las calles vendiendo encendedores y paños de cocina, a niños "colaborando" en los supermercados y abuelos subiéndose a las micros a vender helados.
Una escolar mira una foto de Ballero con su cara estúpida. De entre un vendedor de bolígrafos, un tipo que amenaza volver a drogarse y delinquir si no le compramos un parche curita, un señor de corbata ofreciendo álbumes de colorear para los regalones, aparece de pronto una anciana de unos 70 años, zapatos negros medio ajados, calcetines sobre medias, un delantal de cocina bajo un raído chaleco burdeo . Las arrugas y canas en un rostro de mucha ternura. Un estudiante le ayuda a subir. Con una voz apenas audible pero sincera, ofrece creminos a cien para la calor. Nadie compró, ni yo paralizado por la escena toda. Quizá nadie se entero.
Recordé entonces las palabras de Hernán Buchi cuando era candidato: "Crear 500.000 nuevos empleos para que la población pasiva tenga oportunidad de tener ingresos; Abuelitos, tíos, aquellos que estaban en la casa". Quizá Buchi estaría felíz, si viera como resultó, a la larga, una de las bondades de su sistema. Imaginé a mi propia abuelita subiendo a las micros y pensé en la indolencia de todos los "actores sociales" chilenos, hacia la tercera edad. Pensé en muchas cosas. Pensé tanto que ni siquiera tuve la decencia de ayudarla a bajar, (Curiosa analogía, cuando el exceso de retórica paraliza la praxis). Entonces rasgué la memoria profunda y apareció la imagen de Tristelmo y su larga barba blanca con su sobrero blanco como clavado en su cabeza también blanca. Recordé a un viejo poeta Ecuatoriano que llegó a Valparaíso sin saber porque. Había sido amigo de los grandes y ahora se encontraba viviendo sus últimas cañas de tinto en los bares malacatozos y sórdidos de la ciudad patrimonial. Recordé a todos esos abuelos que deambulan por las calles del puerto con sus sacos de recuerdos a cuestas. Quizá el Ilustre municipio sugiera "erradicarlos", tal como intenta hacer con los perros callejeros, para hacer valer la condición de patrimonio de la humanidad de esta ciudad de mierda . Pensé que la idea sería compartida y patrocinada por algún concejal UDI o algún periodista facho del Mercurio local. Solo espero que estos abuelos no sigan muriendo de frío en el invierno de la plaza Echaurren.
Recordé también que los índices de desempleo del gobierno se mantienen estables. Seguramente el gobierno se jactan de seguir teniendo a miles de Chilenos trabajando en las calles vendiendo encendedores y paños de cocina, a niños "colaborando" en los supermercados y abuelos subiéndose a las micros a vender helados.
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